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Movimiento Solidaridad y la democratización de Polonia

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El 31 de agosto de 1980, una huelga de 18 días en los astilleros Lenin, de la ciudad portuaria de Gdansk, en Polonia, y en otros puntos del país concluyó cuando el gobierno comunista otorgó concesiones sin precedentes a los obreros, entre ellas el primer sindicato libre del bloque soviético: Solidaridad. El líder de ese movimiento fue un ex electricista polaco y ferviente católico llamado Lech Walesa.
Quizás, sin exagerar, los cambios más decisivos en la Europa del Este y en el conjunto del sistema soviético, incluso en la evolución del orden mundial, ocurrieron en Polonia. El movimiento Solidaridad produjo, como un efecto dominó, los subsiguientes procesos democráticos en los países europeos bajo la órbita soviética, al mismo tiempo que aceleró la desintegración de la URSS en 1991, cuyo punto de inflexión fue la caída del muro de Berlín y la reunificación alemana en 1989.
Sin embargo, aquella lucha sentó las bases del capitalismo en Polonia y durante las celebraciones del 25 aniversario, hubo manifestaciones de repudio a la situación actual que viven  los trabajadores polacos, ya que un 18% de la población activa está sin trabajo, evidenciando los problemas que la democracia occidental y la economía de mercado no han podido solucionar.

Comunismo en crisis
Las subsiguientes crisis económicas vividas en Polonia en la década del 70, bajo el gobierno de Wladyslaw Gomulka primero, y el de Eduard Gierek después, afectaron fuertemente el orden político del Partido Comunista polaco y provocaron numerosas protestas, ya que la población culpaba al control soviético de su deterioro en sus niveles de vida.
Una de ellas ocurrida en 1970,  en la ciudad de Gdansk, dieron como resultado entre 75 y 150 muertos y provocó la caída de Gomulka. Era la primera vez que un gobernante comunista del Este era desplazado por un levantamiento popular.
Un estilo más moderado y conciliador fue la característica del sucesor Gierek, que no logró sin embargo disminuir los problemas económicos y sociales. A estas dificultades hay que agregarle la incipiente resistencia del pueblo de Polonia al régimen comunista dependiente de la URSS, y a un significativo surgimiento del nacionalismo polaco.

El agosto polaco
Numerosas protestas se sucedieron durante el régimen de Gierek y a mediados del año 1980 recrudecieron a raíz de los aumentos en el precio de la carne decretados por el Gobierno.
 Las revueltas se concentraron  entre los obreros de los puertos bálticos en el Norte del país, que tenían una larga tradición protestataria y eran apoyados y aconsejados por los intelectuales polacos del momento.
Es así que el 14 de agosto, liderados por un obrero desocupado llamado Lech Walesa, lo que empezó como una manifestación de los astilleros de Gdansk, se prolongó en todo el país, con huelgas de mineros y con el apoyo masivo del pueblo.
Estos obreros pedían la formación de sindicatos libres (los gremios dependían directamente del Gobierno, ya que sus dirigentes pertenecían al Partido Comunista), la reforma de la censura y el recordatorio, con un monumento, a los caídos en 1970, entre otras cosas.
La huelga se prolongó por 18 días y las autoridades comunistas se vieron forzadas a hacer concesiones sin precedentes. El régimen reconoció a los trabajadores el derecho de huelga y la facultad de organizarse libremente, aumentaron los salarios, fueron puestos en libertad numerosos presos políticos, se redujo la censura y se permitió el acceso a los medios de comunicación a la Iglesia Católica y los sindicatos. A cambio, los huelguistas se comprometieron a no desafiar al poder político comunista. Los llamados Acuerdos de Gdansk, firmados por Walesa y representantes del Gobierno llevaron el sello de lo que se conoció como el Protocolo de los Veintiún Puntos.
Ese mismo año se logró la creación y fundación del movimiento Solidaridad, un triunfo cuyos principios estaban asociados a valores éticos y nacionales. Se iniciaba así la posibilidad de que los obreros se organizaran libremente.
Solidaridad nació como un sindicato, el primero en ser independiente del Partido Comunista y pronto se extendió y se convirtió en un movimiento de masas, y pasó de ser una mera agrupación de trabajadores a liderar una convergencia social que luchó por las libertades y contra el régimen comunista.
Pronto, se afiliaron al nuevo sindicato nacional unos diez millones de personas, el cuádruple de los afiliados al Partido Comunista y un cuarto de la población total de Polonia. Para  esos años, sólo el siete por ciento de los polacos tenía confianza en el partido, mientras que la Iglesia y Solidaridad superaban el 90%.
El movimiento de Walesa logró crear las bases de la sociedad democrática. No sólo hizo tambalear al régimen comunista, autoritario y que había roto los principios ideológicos de la revolución social, sino que desencadenó los procesos democráticos en el resto de la Europa del Este.

Lech Walesa

El líder del Báltico
El polaco Lech Walesa, un ex electricista y ferviente católico, protagonizó las revueltas de 1970. Fue un dirigente sindical devenido en líder político que incluso logró la Presidencia de su país en 1990.
Centró su actividad de dirigente obrero como trabajador en los astilleros de la región del báltico. Durante la crisis de 1980 presidió el comité de huelgas que lo llevó posteriormente a liderar el movimiento Solidaridad que él había ayudado a crear y consolidar, coordinando las protestas obreras en todo el país.
El propósito de Walesa fue destruir el comunismo polaco, y  llevar a Polonia hacia la instauración del capitalismo democrático.
Tras los sucesos de 1980 y el posterior triunfo del Protocolo de Veintiún Puntos, que sentaba las bases de la democratización polaca, se convirtió en el líder de masas en la década del 80. Eso lo llevó a recibir el premio Nóbel de la Paz en 1983 y a conseguir la Presidencia de Polonia al ganar las elecciones en 1990.
Desde ese cargo trató de mejorar la situación económica polaca y acercarse a Estados Unidos, pero su pobre administración hizo bajar estrepitosamente su popularidad y lo llevó a perder su reelección en 1995.

El papel de la Iglesia
Junto a los movimiento sindicales clandestinos, la Iglesia Católica también fue protagonista en los desenlaces de agosto. Su influencia sobre la sociedad polaca ha sido histórica y levantó por esos años las banderas de los derechos de la población, combinando el catolicismo con un nacionalismo polaco renaciente.
El catolicismo en Polonia se vio unificado aún más cuando el cardenal Karol Wojtyla es elegido Papa por el Vaticano. A partir de allí su figura influyó en los desenvolvimientos políticos subsiguientes. Durante su papado fue fehaciente opositor a los regímenes comunistas totalitarios y en especial al vivido en Polonia.
Su apoyo al movimiento Solidaridad de Lech Walesa reafirmó ese compromiso, y la visita a su país natal en junio de 1979 unió aún más a la sociedad polaca en torno a la revolución democrática que se estaba llevando a cabo en el Báltico.

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