Sube a 7431 el número de contagios mientras el RIVM habla de disminución

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Estas son las cifras de hoy, dadas por el Instituto Nacional de Salud hide los Países Bajos

Número total de pacientes con resultado positivo: 7431 (+1019)

Número total de pacientes fallecidos reportados: 434 (+78)

Número total de pacientes reportados hospitalizados (o han sido): 2151 (+315)

La mayoría de las personas dieron positivo en la provincia de Noord-Brabant, es decir, 2161 personas. Después de eso, la mayoría de los pacientes reportados positivamente se reportaron en Holanda del Sur (1042) y Holanda del Norte (1029). En las provincias de Frisia y Drente, hay la menor cantidad de infecciones con 71 y 72 personas que dieron positivo respectivamente.

La mayoría de los pacientes fallecidos caen en la categoría de edad 80-84 años.

Críticas por la falta de acción

Desde el fin de semana pasado, los rayos de sol han estado invitando a la gente a salir a comprar en las tiendas que aún quedan abiertas, a pasear o a hacer pícnic en el césped de los parques con los críos, algo que todavía está permitido en el país a pesar de estar en plena pandemia. El Ejecutivo confía en que el pueblo sabrá protegerse y proteger a los demás, pero pocos cumplieron las normas mínimas: mantener la distancia de metro y medio, evitar aglomeraciones, y tratar de salir solo para lo imprescindible.

En una sociedad consciente de los peligros del coronavirus, lo «imprescindible» significa un paseo relámpago para estirar las piernas sin sacar a toda la familia en masa, llevar al perro a hacer sus necesidades sin aprovechar para remolonear por las calles, una carrera de unos pocos kilómetros para ejercitar el cuerpo, o un viajecito a la farmacia o al supermercado para comprar lo justo y necesario, sin necesidad de que un agente te pida la lista de la compra en la puerta del súper. Y hasta ahí.

Pero esto no ha funcionado por mera voluntad: los holandeses por sí solos no han puesto candados en la puerta, para decepción de su Gobierno. En una sociedad alérgica a las medidas oficiales que limitan sus movimientos o sus libertades, declarar el confinamiento total de la población no resulta una tarea fácil de explicar. Por eso, Mark Rutte hizo una excepción y salió a explicar a qué se está enfrentado el mundo, en el que fue el primer discurso televisado de un jefe de gobierno holandés desde 1973.

Expuso tres escenarios posibles frente al coronavirus: el primero es dejar que el virus se propague sin control, lo que acabaría saturando el sistema sanitario y dejándolo sin capacidad para tratar a los más vulnerables. El segundo supone tratar «interminablemente» de detener el virus, cerrando completamente el país durante más de un año, lo que tendría consecuencias fatales para el país, según Rutte.

El tercer escenario, apuesta del Ejecutivo holandés, es tratar de controlar al máximo la propagación del virus: una propagación controlada entre los grupos que aparentemente sufrirían menos las consecuencias del coronavirus (los más jóvenes y sanos), al tiempo que se aplican ciertas medidas que permitan controlar el pico en el número de infecciones y extenderlo durante un periodo más largo de tiempo. «Con este enfoque, desarrollaremos inmunidad y nos aseguramos de que el sistema de salud pueda manejar la situación, para que las residencias de ancianos, la atención domiciliaria, los hospitales y las unidades de cuidados intensivos no se sobrecarguen».

Este discurso llevó a la prensa local e internacional a concluir que Rutte apuesta por buscar la inmunidad de rebaño. Una estrategia inteligente si alguien supiera con certeza científica cómo funciona la inmunidad con un virus que es nuevo hasta para los científicos, y si funciona, por ejemplo, como con el sarampión: sufrirlo una vez te inmuniza para toda la vida. Básicamente sería experimentar con la población holandesa, contagiando a alrededor del 60% de los ciudadanos con un virus qué nadie entiende aún, para ver si así se hacen inmunes y vuelven a la rutina sin contagiar a los más vulnerables.

Esto es lo que quería hacer el británico Boris Johnson, hasta que se dio cuenta de que es un experimento que pone en riesgo demasiadas vidas. Ante las críticas de los expertos, Rutte salió a subrayar que la «inmunidad de rebaño» no es, en realidad, el objetivo último de su estrategia, sino que es un «efecto secundario» de las medidas que se han tomado, a la espera de un tratamiento al coronavirus. Pero reconoce que tanto una vacuna como la inmunidad grupal pueden «tardar años» en llegar.

¿Entonces cuál es la estrategia que está siguiendo el Ejecutivo de Mark Rutte?

Confiar en que la totalidad de la población entienda, una vez por todas, las dimensiones del problema y se proteja para frenar contagios. Los primeros días de la primavera han dejado claro que eso no es así, así que el lunes, en una rueda de prensa cuál padre indignado con sus críos, Rutte se puso estricto y anunció «fuertes multas» (unos 400 euros) a quienes salgan en más de dos o que, sin ser pareja o familia, no mantengan la distancia de metro y medio en la calle.

Eso sí, «todavía no es necesario el confinamiento», y los niños de hasta 12 años -que evidentemente pueden transmitir el virus si están infectados- pueden seguir jugando juntos al aire libre porque el coronavirus tiene «menos efectos» en ellos, dice. Este mismo argumento, junto a la necesidad de que los padres sigan trabajando y la economía funcionando, justificó durante días la negativa a cerrar las escuelas. Los parques naturales, playas y campings siguen abiertos, pero los alcaldes tienen ahora autoridad para ordenar su cierre si no se cumplen las reglas.

De momento, hasta el 1 de junio no habrá eventos, conferencias ni ferias. Los gimnasios, restaurantes, lugares de ocio, discotecas, prostíbulos, museos y escuelas no pueden abrir hasta el 6 de abril. Los coffeeshops, que tuvieron que cerrar sus puertas durante unas horas como parte de estas medidas, lograron reabrir, solo por ventanilla, por movilización popular. El Gobierno ha dado un paso atrás después de ver que los consumidores desfilan en largas colas tratando de comprar suministro para las cuarentenas. Los narcotraficantes tampoco han tardado en ocupar las calles para cubrir la demanda, lo que alarmó al Ejecutivo.Para Rutte, estas medidas significan un «confinamiento inteligente», permiten a quienes cumplen las recomendaciones, no estar sometidos al encierro total y seguir funcionando. Quizás lo contrario suponga que paguen justos por pecadores, pero esta estrategia no ha evitado el contagio de cientos de personas cada día.

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